30 mayo, 2010

Ideas para salvar el clima (¿una Antología Universal de Imbecilidades?)

A grandes males, grandes remedios, y como hoy estamos enfrentados al “mayor y más acuciante peligro en la Historia de la Humanidad” (Gore, Zapatero, de Elvira et al), se entiende que algunos de los más superdotados cerebros del mun….(perdón de El Planeta, quise decir), estén abocados a buscar, justamente aquellos “grandes remedios” que con tanta premura requiere la Humanidad, para salir bien parada de esto.
Sucede que a veces los destellos surgidos de los más brillantes cerebros tienen la cualidad de deslumbrarnos, o de llenarnos de asombro…….

Lo que presento a continuación parece sacado efectivamente de una Antología Universal de Imbecilidades o al menos merecería estar consignado allí. Se trata un artículo rescatado del inefable suplemento “Nature”, de la sección “Ciencia” de “El Mundo.es”; la trinchera gloriosa desde la que resisten Antonio y sus amigos (López de Uralde, Catalán, Ospina etc.), los embates de la prosaica realidad y los sarcasmos inmisericordes de los negacionistas, cada día más sublevados (y mejor remunerados, I presume) por las diabólicas petroleras transnacionales.
La novedad en este caso, está en que a diferencia de las innumerables colecciones de idioteces con que nos deleita e “informa” habitualmente la prensa en lo referido al “asunto climático” mundial, y cuyos referentes suelen ser “los científicos”, “los expertos”, “la ciencia”, u otras vaguedades por el estilo, en esta ocasión los disparates traen pié de firma; así que “Algunos de los mejores investigadores”, como los llama el artículo, están aludidos con nombre y apellido.
Aún cuando el autor de la recopilación no deja lugar a dudas sobre que la salvación del clima “se ha revelado ya como uno de los problemas científicos más complicados y acuciantes de la Historia”, no duda tampoco en expresar opiniones del más elemental sentido común frente a los desatinos que expone, al decir, por ejemplo, “En unos casos, se trataría de obras faraónicas de costes incalculables y cuya tecnología aún no está a nuestro alcance. En otros, las consecuencias serían imprevisibles.”


CAMBIO CLIMÁTICO / LA GEOINGENIERÍA
Ideas para salvar el clima
Algunos de los mejores investigadores proponen soluciones inalcanzables y radicales para frenar el cambio climático



ÁNGEL DÍAZ


CORBIS
Uno de los problemas científicos más longevos de la Historia fue la necesidad de hallar un método para determinar la longitud -es decir, la distancia exacta respecto a los meridianos terrestres- a la que se encontraba un barco. Varios gobiernos, incluido el Imperio español, financiaron costosos estudios con ideas sofisticadas que, a la postre, no funcionaban. El problema no quedaría resuelto hasta que el mecánico inglés John Harrison inventó el cronómetro marino, bien entrado el siglo XVIII. Pero ahora nos enfrentamos a un desafío aún mayor y cuya solución no puede tardar siglos en llegar: el calentamiento global.
Hasta el momento, el paso más firme en la lucha contra las emisiones ha sido la firma del Protocolo de Kioto, pero los expertos en climatología coinciden en que no será suficiente. Aunque se cumpliera a rajatabla el compromiso de reducción de emisiones aceptado por cada país -y en España, sin ir más lejos, no se está consiguiendo-, sólo se rebajaría el volumen mundial de dióxido de carbono en un 2%.
Algunos investigadores, ante esta alarmante circunstancia, han propuesto a lo largo de los últimos años una serie de soluciones radicales que, a grandes rasgos, tienen en común la pretensión de transformar radicalmente el planeta para contrarrestar el daño ya hecho. En unos casos, se trataría de obras faraónicas de costes incalculables y cuya tecnología aún no está a nuestro alcance. En otros, las consecuencias serían imprevisibles. Por un motivo u otro, parece que ninguna solución simple resolverá el complejo problema del cambio climático.
La geoingeniería o transformación consciente de la atmósfera terrestre tiene su origen en las propuestas que realizó el astrónomo Carl Sagan con respecto a Venus y Marte, dos planetas hostiles a la vida cuyo clima se podría manipular hasta lograr un aire respirable.
Organismos como la Academia Nacional de Ciencias (NAS) de Estados Unidos creen que ha llegado la hora de empezar a considerar la geoingeniería como una parte de la respuesta al que se ha revelado ya como uno de los problemas científicos más complicados y acuciantes de la Historia. Éstas son algunas de las ideas que más están dando que hablar, acompañadas de sus respectivas críticas.

OCÉANOS

James Lovelock, padre de la teoría Gaia, que considera al planeta como un sistema capaz de autorregularse, ha propuesto junto a Chris Rapley llenar los mares con tubos huecos de unos 200 metros de longitud. En su base habría grandes válvulas capaces de empujar hacia arriba las aguas de las profundidades, ricas en nutrientes, y alterar así el ecosistema marino para que se multiplique la población de algas.
Éstas absorberían el CO2 que le sobra a la atmósfera y, además, provocarían de forma indirecta la creación de más nubes, que a su vez absorberían parte del calor del Sol. La idea se publicó en la revista científica 'Nature' en septiembre de 2007. Y se apoyaba en «la capacidad de la Tierra para curarse a sí misma», según escribieron los autores. Un mes después, expertos del Centro Nacional de Oceanografía de Southampton, Reino Unido, contestaban en la misma revista: «Este escenario acarrearía aguas con mayores niveles de CO2 natural (asociado a los nutrientes) en la superficie, causando potencialmente la emisión del gas tóxico CO».

SOL

La idea de Lovelock contiene las características básicas según las cuales podrían agruparse las demás propuestas: cubrir el firmamento para reducir la radiación o incrementar la vida vegetal para absorber más CO2. Respecto al primer escenario, uno de los proyectos más ambiciosos sería la construcción de una red de billones de lentes reflectantes, de unos 60 centímetros de diámetro cada una, para desviar desde el espacio la radiación solar.
Propuesto por el astrónomo Roger Angel, el desafío es tecnológicamente inalcanzable hoy en día, y mucho más costoso que la transición a una economía sin combustibles fósiles. Una propuesta análoga sería colocar sobre las aguas o en los desiertos discos blancos de plástico o gomaespuma, con la idéntica finalidad de repeler la luz del Sol.

SAL EN EL AIRE

John Latham, catedrático emérito de la Universidad de Manchester, propone aumentar la reflectividad de las nubes evaporando el agua de los océanos. Así se inyectaría la sal que contiene en la atmósfera*, lo que evitaría parte de la radiación solar, retrasaría las lloviznas y haría que las nubes duraran más. Así lo muestran los modelos computacionales, ya que Latham y sus colegas no han logrado los suficientes apoyos para llevar a cabo su proyecto. La solución no duraría más que unas semanas, por lo que se requeriría una flota de barcos especiales salinizando constantemente la atmósfera.

AZUFRE

Una idea extendida desde los años 80, defendida por científicos como el Nobel de Química Paul Crutzen, es la inyección de toneladas de partículas de azufre o dióxido sulfúrico en la atmósfera. Cientos de aviones o globos se encargarían de la tarea, la cual aumentaría el índice de reflectividad de la atmósfera y reduciría, por tanto, la radiación que nos llega.
Pero un reciente estudio del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica (NCAR), publicado en la revista científica 'Science', determinó que la medida causaría daños irreversibles en la capa de ozono estratosférico, llegando a destruir entre un cuarto y tres cuartos de la misma sobre el Ártico. Esta circunstancia, a su vez, permitiría el paso de una mayor cantidad de radiación ultravioleta.

HIERRO

Una de las propuestas que más repulsa ha levantado, por provenir de una empresa con fines comerciales y por pretender llevarse a cabo de forma inmediata, es la fertilización de los mares con partículas de hierro. Éstas permitirían multiplicar la cantidad de fitoplancton presente en el agua, generando una explosión de vida vegetal marina.
La empresa californiana Planktos ha intentado probar la técnica en las Islas Galápagos, en Ecuador y en las islas Canarias, pero la iniciativa chocó con la condena de expertos y ecologistas. Según Greenpeace, «el IPCC ha considerado los posibles resultados beneficiosos como puras especulaciones, y el Convenio de Londres ha mostrado su preocupación por los efectos negativos que podría tener y ha recomendado que no se lleve a cabo».

COMER MÁS CANGURO

Y menos carne de vaca. El canguro podría ser un importante aliado de la lucha contra el cambio climático. Un reciente informe publicado por Greenpeace propone la sustitución en nuestras dietas de la carne proveniente del ganado bovino y ovino por la carne de estos marsupiales como una de las medidas para reducir la emisión de metano a la atmósfera. Según el autor del estudio, este gesto podría reducir las emisiones en 15 millones de toneladas en 2020. «Es uno de los cambios en el estilo de vida que podemos hacer», asegura Mark Wakeham, responsable de la campaña de energía de Greenpeace en Australia. Los expertos ya recomendaron hace pocos meses a los países ricos que redujeran su consumo de carne roja como forma de lucha contra el calentamiento.

'FLATULENCE TAX'

Un impuesto por las flatulencias. No hay duda de que Nueva Zelanda es uno de los países más comprometidos con el Protocolo de Kioto y la reducción de emisiones. El pasado año su Gobierno hizo una propuesta para crear un impuesto sobre las flatulencias producidas por las ovejas y las vacas de su cabaña ganadera. Según los científicos, el metano emitido por las digestiones de estos animales es responsable de más de la mitad de los gases de efecto invernadero que genera el país. Las emisiones del ganado rumiante suponen cerca del 15% de las emisiones totales de metano a escala mundial, y este compuesto es 25 veces más potente que el CO2. Según el Gobierno neozelandés, el dinero recaudado se invertiría en investigación para reducir las emisiones del sector agrícola.

LA RECOMPENSA

Se busca solución al cambio climático. El propietario de la empresa Virgin, el británico Richard Branson, ofreció el año pasado un premio de 25 millones de dólares (casi 18 millones de euros) a quien idee una fórmula para eliminar los gases de efecto invernadero de la atmósfera. Branson alentó a los «cerebros más brillantes del mundo» a «idear una forma de eliminar al menos el equivalente a 1.000 millones de toneladas de carbono por año». «Tendréis la satisfacción de salvar miles de especies y quizá a la humanidad», añadió. El 'Virgin Earth Challenge', como se llama el galardón, se concederá a la persona o grupo que logre un diseño comercialmente viable y que demuestre que no tiene contraindicaciones y que sus efectos benéficos serán de larga duración.
………………
(*) De esto se deduce que al vaporizarse el agua del mar lo hace junto con la sal disuelta que contiene. Confieso que esto es totalmente nuevo para mi.

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