31 octubre, 2008

Una isla de sensatez



Un célebre profeta apocalíptico, el británico Sir Nicholas Stern (economista, ex "economista en jefe" del Bco. Mundial), nos vaticina una crisis climática similar a la actual crisis financiera si no se actúa ¡Ya!

 ....Stern auguró hoy en Hong Kong una situación climática similar a la actual crisis financiera mundial si los mandatarios de China y Estados Unidos, principalmente, no acuerdan liderar el descenso de emisiones de dióxido de carbono (CO2). (Tomado del portal de noticias de yahoo!)


Como se recordará, stern es el autor del sensacional "Informe Stern" sobre la economía del "cambio climático", trabajo en el cual legó al mundo una reinterpretación personal de la teoría del interés, según la cual sería "moralmente cuestionable"  aplicar las tasas de descuento corrientes a costos que supuestamente deberían asumir generaciones futuras, por lo que hay que aceptar que un costo previsto para  100 años más debería tener la misma ponderación que un costo  presente.

 Es por eso que aboga por reducir hoy las emisiones de bióxido de carbono (a un costo que estima del 1% del PIB mundial anual) provocadas por las actividades productivas, dado que los costos de mitigación del "cambio climático" dentro de cien años serían mucho más cuantiosos (lo estima en un 20% del PIB mundial) que la reducción de las emisiones hoy.


 Este sofisma engañoso cojea de varias patas, pero la principal es atribuir efectos nocivos al inocuo gas carbónico, como presunto factor del mitológico "cambio climático", el espantajo post moderno de augures y mistagogos del acabo del mundo.


  Los datos duros son que el CO2 constituye sólo el 0,03 % del volumen total de la atmósfera, y que es un gas esencial en la naturaleza, al grado de que todos las moléculas orgánicas  componentes de todos los tejidos de los seres vivos, se constituyen a partir de cadenas de átomos de carbono provenientes (todas) del CO2 atmosférico.   Y esto es así porque el CO2 es -ni más ni menos-  el alimento de las plantas verdes, las que a su vez son fundamento basal de toda la pirámide trófica. 

  El aumento de la concentración de CO2 en el aire tiene efectos favorables y hasta espectaculares en el rendimiento de los cultivos, como está demostrado en infinidad de estudios de campo y de invernadero.

 El bióxido de carbono es,  en estricto rigor hablando, en este planeta y en este momento, el gas de la VIDA.


 Otro dato duro es que en los mares de la tierra hay entre 50 y 100 veces (según quien lo estime) más CO2 equivalente que en toda la atmósfera, dada la muy alta solubilidad del gas; propiedad que, -sin embargo,-  es inversamente proporcional a la temperatura del agua, por lo que  los constantes cambios de temperatura de la capa superficial del mar aportan o retraen del  aire cantidades colosales de CO2 que reducen al ridículo las emisiones industriales y los proyectos de costosos artificios para "secuestrar" carbono atmosférico. 


 Sobre el verdadero efecto calorífico del CO2 en la atmósfera (en difícil se dice "forzamiento radiativo"), la verdad es que no hay acuerdo entre quienes estudian la cuestión en serio;  (lo del supuesto "consenso científico" es otra mentira Gore-ONU); no está de balde recordar que varios de los principales apóstoles del "calentamiento", entre ellos Schneider y Hansen, actualmente del staff de asesores de Al Gore, fueron también predicadores del "enfriamiento global" de los años 70, culpando en ese entonces, como no, al capitalismo y las emisiones de gases industriales, de la supuesta catástrofe fría. 


 Sobre lo que no hay duda es que el agua, en forma de vapor o de nubosidad, incide al menos en el 95% del efecto de invernadero natural de la Tierra, dejando sólo un 5% para todos los demás gases.  


 Stern también abogó por la necesidad de que haya reguladores de CO2 como los hay financieros, subrayó que "controlar las emisiones con antelación será siempre más barato que hacerlo precipitadamente urgidos por la necesidad", o que adaptarse al "cambio climático".

En un nuevo paralelismo con la actual situación financiera, el economista afirmó que "se ha puesto dinero en los bancos no porque guste, sino porque era crucial hacerlo", de modo que con el medioambiente hay que actuar de forma similar.


Es decir, ¿gastarse ahora biILLONES (porque un 1% del PIB mundial es eso), de dólares en prevenir una supuesta catástrofe que podría o nó presentarse en cincuenta o cien años?


En palabras de Hernán Büchi, "el hecho de utilizar una tasa de descuento irreal (irrealmente baja) tiene como resultado que, en los términos del Informe Stern, los costos de supuestas catástrofes que ocurrirían dentro de varias décadas tienen el mismo valor que si sucedieran hoy.  Stern considera que moralmente sería injusto para las generaciones venideras emplear  una tasa de descuento alta (o sea, realista), porque colocaríamos nuestras necesidades por encima de las suyas.

 Tratar la tasa de descuento como un problema moral es un error;  los seres humanos preferimos tener algo ahora que tenerlo más tarde. Sólo ahorramos cuando se nos ofrece un incentivo adecuado a cambio; por ejemplo, un interés del 4%, correspondiente a la media histórica, valor  utilizado habitualmente.

  Cuando se emplean cifras absurdamente alejadas de la realidad se obtiene resultados absurdos.

 Pero aún si se tratara de un asunto moral,  tenemos que en el futuro la humanidad será más rica y los enormes costos de esos supuestos desastres (que auguran Stern y los otros), serán para las futuras generaciones algo mucho menos importante de lo que nos parece a nosotros hoy.


 El gasto que propone Stern es un impuesto que redistribuye  recursos de las generaciones actuales, relativamente pobres, a generaciones que vivirán dentro de cien años, las que serán efectivamente más ricas (tal como nosotros somos más ricos que los ciudadanos de la era pre-industrial),  ¿Se imagina Ud. a las masa pobres de los siglos previos pagando impuestos por nuestros problemas actuales?.

 Por esta y otras razones, los gobiernos no deberían apresurarse a castigar el uso de energía, a riesgo de provocar consecuencias dañinas para los más pobres. Los efectos calculados de aplicar el Protocolo de Kioto están en el orden de una reducción de un -5,2% para el PIB de Alemania al año 2010, de un -5% para España y de un -4,5% para el Reino Unido.


 El mundo enfrenta severas consecuencias económicas a partir de las estrategias propuestas para lidiar con el calentamiento global.


 Hasta aquí la cita del pensamiento de Büchi.


 SE podría agregar, en referencia a lo último, que el dislate del etanol de maíz, impulsado por el gobierno de Bush, ha provocado ya, en estos pocos años,  un costo de 80 mil millones de dólares a los contribuyentes norteamericanos (el dato se puede ver en "The Financial Times on line", ed. 27 de octubre); este disparate se hace aún más impresentable ante el desplome del precio del crudo y de los combustibles fósiles.


Sin duda que la crisis financiera actual está siendo muy ilustrativa en lo referente a las economías de burbuja; Occidente debería estar padeciendo una severa epidemia de estupidez colectiva para no percatarse de que la burbuja del fraude climático y sus "bonos de carbono" es mucho más grande y universal que la de las hipotecas incobrables, y el reventón, por lo tanto, sería muchas veces peor.

 Se observa una agitación enorme en la progresía europea y americana ante esta nueva situación, que antes que nada y sobre todo, debería demostrar a los políticos y gobernantes sensatos (si es que los hay), que hay que ser muy prudente y consevador con los fondos que no les pertenecen, y con las "regulaciones" que siempre están urdiendo para "corregir" a los mercados, lo que siempre les termina reventando en plena cara.


 Ante el peligro de que el chorrón de dólares hasta ahora malgastado en políticas "climáticas" se vea interrumpido repentinamente, la progre-burocracia redobla sus esfuerzos propagandísticos:




TOKIO (AFP) - El príncipe Carlos de Inglaterra (un intelecto no precisamente brillante, por lo que se sabe), declaró este martes en Tokio que esperaba que la crisis económica, sin duda temporal, no hiciera olvidar al mundo que urge actuar contra el calentamiento global, cuyas consecuencias serían "irreversibles".




HONG KONG (Reuters) - Los riesgos de inactividad ante el cambio climático exceden a la agitación ante las turbulencias financieras mundiales, dijo el lunes un experto en cambio climático, mientras pedía más gastos fiscales para reducir las emisiones de carbono.

(el "experto" es, obvio, el propio Stern).


En Chile, el diario de los Edwards no se quedaba atrás: 

La crisis financiera no es excusa, el cambio climático acecha

ALEXIS IBARRA O.

Miércoles 29 de Octubre de 2008


Algo interesante, es que ese por esos mismos días,  los mismos medios informan: " Nieva en Londres; Florida se congela: por Lubos Motl - En la mañana del 29, Londres vio su primera nieve en octubre desde 1934. En Florida tuvieron el 29 de octubre más frío desde 1892. La nieve que ha bloqueado las rutas del norte de Irlanda llegará a Wales esta noche. En Nueva Jersey vieron la tormenta de nieve más grande desde 1972. etc. etc.,



En medio del océano de tonterías, surge una isla de sensatez: el Presidente de la República Checa, el Economista Vaclav Klaus, ha presentado su  libro "Planeta Azul, (no verde)", donde desmitifica las aristas más graves del fraude; las que tienen que ver con el retraso al desarrollo que implican las "políticas climáticas", pero yendo un poco más lejos: Klaus plantea que la cuestión de fondo está en el tipo de sociedad que queremos para el futuro. El asunto no está en el clima, se trata de la Libertad humana.

 

 En palabras de José María Aznar, quien editó y presentó el libro al mundo hispano: 


 "Precisamente, por haber sufrido en carne propia las consecuencias del "socialismo real", Vaclav Klaus tiene una especial sensibildad para detectar aquellas utopías que, bajo la más bondadosa de las apariencias, lo que realmente pretenden es acabar con nuestra libertad". 


Más claro, imposible; no es por el clima, es por la Libertad.


Discurso de José Maria Aznar



El discurso de Vaclav Klaus



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