16 noviembre, 2011

La Madre de todas las Estupideces

La Madre de Todas la Estupideces (“Malas Noticias Para el Clima”).

Las religiones tradicionales nos instan a la salvación del alma. Claro que cada uno tiene su alma propia, y eso nos confiere cierta autonomía respecto del camino de salvación que elijamos. En esta nueva Iglesia de la burocracia internacional se ha reemplazado el alma por “El Clima”. Ahora se debe “salvar al clima”,

Ya faltan unos pocos dias para que se realice la próxima “cumbre” de Naciones Unidas (es decir, de la Burocracia Parásita Mundial), con la habitual comparsa de ONGs generosamente financiadas, para deliberar sobre el clima de los próximos cien años, y las medidas necesarias para “mitigarlo”. No hay que ser tarotista para adivinar que de tal “cumbre” sólo saldrán ideas de nuevos impuestos, nuevos controles y nuevas restricciones para agobiar a los ciudadanos de este mund....(“planeta”, quise decir, perdón), y engordar aún más los bolsillos y las ínfulas de la parasitocracia internacional con el absurdo pretexto de “salvar al clima” (también le llaman “luchar contra el cambioclimático”, como si tal idiotez fuera posible).

Nuevamente volverán a los titulares y a las declaraciones de los políticos expresiones tales como: “reducir la huella de carbono”, “descarbonizar la Sociedad”, “crear una economía verde”, y tantas más por el estilo.




















La foto que presento la tomé en un sector llamado “Los Cristales”, un fundo forestal que estaba supervisando entonces y corresponde a un sector de montañas de la cuenca del Maule, paralelas a la cordillera de Los Andes, aunque en estricto rigor no forman parte del macizo. Se encuentra a menos de una hora de la muy célebre y renombrada ciudad de Talca, la que junto con París y Londres forman una tríada de urbes de internacional nombradía (esto, en el imaginario de sus nativos, por cierto).

Paréntesis: hice posar a los niños para inmortalizar la escena y hacer de ella un documento inolvidable. El paisaje es bucólico pero creo que la presencia de los críos lo embellece aún más si cabe. Lo que trato de trasmitir es que en la vida de los humanos no hay nada ni lo habrá que pueda reemplazar a la inmensa felicidad que producen estos renacuajos; echarlos a corretear por ahí, viéndolos crecer y dándoles el privilegio de vivir tal como a nosotros mismos se nos dio, es un aliciente no siempre bien ponderado, y un mundo de puros viejos debe ser algo muy parecido a un purgatorio. Y con esto dejar explícita la repulsa más enérgica contra las ideologías neomalthusianas y sus estultas consignas (como ...“somos demasiados para este planeta”; “si todos quisieran vivir como nosotros, necesitaríamos tres planetas como este, y sólo tenemos uno”,.... etc), promovidas por el Club de Roma y sus cómplices y tontos útiles (sinceramente no sé si Al Gore es lo uno o lo otro o las dos cosas, pero creo que Bankimún es definitivamente de los segundos). Han estado imponiendo la antinatalidad y el aborto en todo el mundo usando la extorsión económica, con lo que nos están condenando a un mundo sin niños. Cierro el paréntesis.

Abro segundo paréntesis: aparte de los niños lo que podemos ver en la imagen es nuestro querido planeta Tierra tal y cual lo tenemos ahora; es cierto que hemos hecho muchas barbaridades con él, pero también es cierto que en el camino hemos ido aprendiendo y rectificando conductas y creo que estamos perfectamente preparados para asumir responsablemente la tarea de administrar con prudencia este edén.

Es probable que sin nosotros el paisaje presentaría más bosques y menos pradera, pero así, como está, es nuestro hogar hoy, y su visión es un regalo de inefable belleza para nuestros ojos.

Es nuestro planeta hoy, el mejor mundo posible para nosotros, aunque la gran mayoría de la gente no lo sepa. Ocurre que aún sin contar los mares, el 95% de la superficie planetaria corresponde a espacios abiertos, como éste. El espacio urbanizado, donde se hacina ya quizás el 75 u 80% de la población (en Occidente), no es más que una fracción ínfima de las superficie disponible. Esto sólo se comprende cuando se ejercen profesiones de terreno, relacionadas con agricultura, silvicultura, pesca o minería, donde el contacto con la naturaleza constituye la rutina diaria.

El ciudadano urbanizado, criado y preso en las abominables colmenas de cemento, respirando el aire viciado de las ciudades, sometido al estrés del bullicio continuo, el hacinamiento y la luz artificial, difícilmente puede concebir el mundo como espacio abierto, y su perspectiva acaba siendo fuertemente distorsionada por su propia realidad inmediata y mediática. Es el ambiente propicio para las ideologías ultraecologistas, malthusianas y antihumanas, que suponen a la humanidad el rol del “cáncer” del planeta (textual de una declaración histórica del “Club de Roma”: “el planeta tiene cáncer, y ese cáncer es el hombre”). Cierro segundo paréntesis.

Volviendo al hilo: se escucharán las expresiones consabidas dichas antes, es decir las consignas de la ideología de moda, en preparación del próximo aquelarre de Durbán (Sudáfrica). Las más estúpidas de estas consignas son las que traen incorporada la palabra “carbón” (o “carbono”, que lo mismo da), como “descarbonizar” o reducir la ”huella de carbono”, etc.

Volvamos a la foto: están los tres niños. Químicamente hablando, cada uno de ellos está compuesto principalmente de agua (un 70% quizá), pero de lo que no es agua, digamos, de su “biomasa” seca, fácilmente otro 70% será ....carbono. Si quisiéramos “descarbonizarlos” entonces nos quedaríamos con tres bidones de unos 25 litros de agua cada uno, tres puñaditos de calcio y cantidades ínfimas de los otros elementos. Adicionalmente sus ropas, sean lana, lino, algodón o rayón, son exactamente fibras de carbono, obtenidas de la naturaleza o de la industria.

Lo mismo se puede decir de toda la vegetación circundante que ameniza el paisaje hasta donde alcanza la vista (y también los líquenes que cubren la roca).

Hace tiempo comenté (en “La Tesis de Aramís”), un sesudo ensayo del economista Profesor Dr. Paul Krugman (PhD), un idiota con Nobel (1998), aunque no el único. Planteaba Krugman sus ideas para “Construir una economía VERDE” , que iban desde poner impuestos “piguvianos” a la emisión de “carbono” (es decir, de CO2, pero a Krugman no le alcanza la inteligencia para hacer la distinción), hasta la imposición de prohibiciones y “regulaciones” al mismo efecto.

¿Sabrá Krugman que la naturaleza nos presenta esos bellos y “mildistintos” tonos de “verde” gracias únicamente a un pigmento llamado “clorofila” que sintetizan los vegetales y que no es más que una complicada macromolécula de .....carbono?. Nó, obviamente no lo sabe, y me imagino la vergüenza que sentirá cuando alguien se lo explique.

La verdad es que si quisiéramos en serio “descarbonizar” nuestro planeta , o por ejemplo la parte de él que se muestra en la imagen, nos quedaríamos simplemente con un paisaje lunar, de cualquier color pero no “verde”; con una piedra en el medio y unas nubes a lo lejos. Sin ni un vestigio de vida, porque todo lo vivo que habita este mundo, tanto lo que se ve como lo que no, desde una bacteria hasta la Sequoya gigante, es esencialmente, ......carbono. Carbono organizado en macromoléculas cumpliendo las más variadas funciones bioquímicas. El carbono está en la materia orgánica y es la fuente de energía de todos los seres vivos, de tal manera que puede haber carbono sin vida, pero la vida misma, tal como la conocemos es imposible sin el carbono, y en estricto rigor se podría la definir como el intercambio de carbono entre organismos autovalentes formados principalmente de (...exacto), carbono.

La “huella” de carbono entonces, eso que hay que “reducir” o “mitigar” según la tonteología en boga, somos nosotros mismos. La “huella” de carbono en la Tierra es la vida misma.

Y para redondear: todo ese carbono presente en la biota terrestre, continental o marina, proviene basalmente de una sola fuente(*): el demonizado bióxido de carbono, o CO2. El CO2 es el alimento de todas las plantas autótrofas, en tierra y en el mar, y por lo tanto constituye la base de toda la pirámide trófica.

No es que las plantas “tengan la capacidad de capturar el CO2”, como tontamente se dice. La verdad es que las plantas (y con ellas toda la biota) VIVEN del CO2 (vivimos), y VIVEN (vivimos) por el CO2, y esta vida no sería posible sin su presencia.

Demonización del CO2; “descarbonización”; reducción o “mitigación de la huella de carbono” ; Es la mitología anticarbónica en boga, es decir,

LA MADRE DE TODAS LAS ESTUPIDECES.

(*) La verdad es que las bacterias son tan, tan, tan versátiles, que no puede descartarse la posibilidad de que alguna especie eventualmente obtenga su carbono del sustrato mineral. Se sabe de algunas que mantienen en su plasma celular “incrustaciones” de carbonato de calcio, presumiblemente como material de reserva. Serian la excepción a lo dicho arriba.

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Llevo meses buscando en la prensa en castellano alguna referencia al “calentamiento” o “cambioclimático” y a sus calamidades asociadas; algún enjundioso ensayo como el de Krugmann (el de la “economía verde”), o alguna profética encíclica como la última de Gore, (“Our choice”, la de los huracanes que giraban al revés, seguramente otro efecto de “cambioclimático”), pero, ......nada.

Hasta ahora en que me encuentro con esto, ( enlace), una columna de opinión publicada en El Pais (España), por Dn. Cayetano López, físico español de respetable currículum, lleva este título: “Malas noticias para el clima”.

En estos días, en que el mund...(el Planeta, perdón), parece estar preocupado de minucias irrelevantes como el posible colapso de las economías occidentales (bajo el peso de los “Estados de bienestar” (donde todos tienen derecho a mamar), y mientras los “líderes” políticos no saben que hacer con sus déficits y sólo se les ocurre seguir endeudando a sus sufridos súbditos, quizá con la esperanza de que otro venga a ordenar las cuentas (un Pinochet para cada país, podría ser la solución, pero ello tiene su costo), en fin, con una recesión mundial anunciada con insistencia, que bien podría ser depresión, (la madre de todas), con monedas volátiles que no tienen valor real, y con los millones de “ciudadanos indignados”, que ya están hartos de que la leche que maman de sus Estados les salga cada vez más aguada, se está viendo que la ciudadanía civilizada ha ido perdiendo interés en la salvación del clima de los próximos cien años.

Malas noticias para el clima.

En un escenario nada promisorio es que se enmarcan las reflexiones del profesor López, y hay que decirlo, éstas no parecen demasiado optimistas.

En sus palabras: En resumen, papel mojado (los acuerdos de Copenhage), teniendo en cuenta que mantenerse por debajo de ese umbral (el de los famosos dos grados centígrados de temperatura media mundial, -nota mía-), requiere tomar medidas más exigentes en cuanto a reducción de emisiones que aquellas que no quisieron concertar. En efecto, ese aumento de temperatura se producirá si la fracción de dióxido de carbono en la atmósfera supera las 450 partes por millón (450 ppm), desde las aproximadamente 390 ppm actuales.

Esta es la monserga permanente del IPCC; el suponer que la temperatura “global” (lo que quiera que eso signifique), estará determinada unívocamente por la concentración de CO2 en la atmósfera, como si el clima dependiera solamente de aquello.

Lo demás, es el consabido lamento del profeta que ve venir el fin del mundo mientras sus congéneres sólo tienen tiempo e interés para sus propios y mezquinos asuntos.

Una historia conocida desde los albores de la humanidad.

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Otra lectura recomendable para obtener una adecuada “concienciación”, sobre tan trascendental asunto, (gentileza del “Ecoportal.net”, el sitio eco-marxista-evomoralino-galeánico y sudaca por antonomasia), esta vez debida al Prof. Dr. Jorge Riechman (investigador sobre cuestiones socioecológicas en el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS), profesor titular de Filosofía Moral en la Universidad de Barcelona y vicepresidente de Científicos por el Medio Ambiente (CiMA). Ha sido coordinador de Vivir (bien) con menos (Icaria, CIP-FUHEM, Barcelona, 2007), etc. etc....etc.), se intitula Calentamiento climático: ¿cómo se calcula su impacto?” y en el se analiza exhaustivamente, con profusión de citas y notas, muchos de los insospechados entresijos de esta importante cuestión. Claro que la lectura del documento completo (17 páginas en formato WORD), puede resultar un tanto fatigosa, -una nueva Tesis de Aramis- así que dejo aquí el enlace, para quien desee instruirse, y paso a citar sólo el encabezamiento, como flor de muestra:

“El hecho de que un colapso civilizatorio resulte una posibilidad nada inverosímil, y que por lo tanto quepa que, en un futuro no muy lejano, en lugar de estar discutiendo acerca de los metros de playa perdida en las zonas turísticas, o acerca de los costes marginales del incremento de muertes de ancianos por olas de calor, nos encontremos estimando cuántos pequeños grupos de cazadores-recolectores se las apañarán para sobrevivir en las estepas de una Europa devastada y empobrecida; el hecho de que semejante colapso sea posible debería bastar para impulsar políticas ambiciosas de lucha contra el cambio climático.”

Un “colapso civilizatorio”; nada más, nada menos, debido al terrorífico “Calentamiento Climático”, (ingeniosa síntesis entre el ya anticuado “Calentamiento Global” y su sucedáneo más acomodaticio, el “Cambio Climático”).

El artículo es ilustrativo sobre cómo, usando el más pulcro y culto lenguaje académico (a diferencia del mío, es cierto), puede llegar a escribirse la más monumental sarta de estupideces (como la Tesis de Aramis), claro que -a diferencia de Antonio- apelando a una nutrida galería de citas de conspicuos pensadores. Imposible dejar de reproducir la cita a Lovelock :

“James Lovelock sostiene que hemos pasado ya el punto sin retorno en lo que se refiere a cambio climático, y que resulta improbable que nuestra civilización sobreviva. Su perspectiva no puede ser más sombría: para él, antes de que acabe el siglo XXI miles de millones de personas habrán muerto, y las pocas parejas reproductoras que sobrevivan estarán en el Ártico, donde el clima aún resulte soportable.”

Aunque no se puede negar que algún pudor demuestra el autor, al tomar cierta distancia:

Pueden debatirse estas predicciones de un científico de talla internacional, experto en el “sistema Tierra” –que él bautizó Gaia hace decenios— y sus múltiples mecanismos de autorregulación: pero lo que no está en cuestión es que un calentamiento climático rápido y fuerte pone en entredicho la habitabilidad de extensas zonas de la Tierra para los seres humanos, y tampoco que el calentamiento en curso se está haciendo cada vez más fuerte y rápido, año tras año. (45)”

En fin: se acerca la fecha de la “cumbre “ de Durban, y el mundo (planeta, con perdón), espera ansioso las deliberaciones de nuestros sabios, con la débil esperanza de que, esta vez sí, los políticos dejen de preocuparse por deudas, déficits, cesantía, defaults, bancarrotas, rescates y otras naderías sin importancia y logren por fin la batería de “acuerdos vinculantes” que nos permitan controlar y planificar sabiamente el clima de los siguientes cien años.

Mientras tanto, si quiere mire de nuevo la foto; este es el planeta “sobrecargado” (de carbono), que no nos alcanza para todos, y que se encuentra en peligro de “colapso civilizatorio” (por efecto del “calentamiento climático”).

Sólo dos cosas hay que son infinitas: el Universo y la Estupidez Humana.

(Al decir “cosas”, excluyo a Dios, y sobre el Universo, parece que ya no hay seguridad de que sea infinito).

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