06 febrero, 2007

CALENTAMIENTO EN CHILE?

calentamientoCONSIDERACIONES PRELIMINARES SOBRE EL CLIMA:

No es raro que en la actualidad se atribuya los períodos de sequía al ?calentamiento global?, también las grandes inundaciones de los años extraordinariamente lluviosos.

Cuando se combina una situación de alta temperatura con precipitación líquida en la cordillera, se produce un derretimiento prematuro de las nieves con las consiguientes crecidas de ríos y aluviones de agua y lodo. Un ejemplo de esto ocurrió a salidas del invierno de 1997. Todos estos desastres se pueden explicar como manifestaciones del ?calentamiento global?, y de hecho en la prensa se promueve esta suposición.

Sin embargo, la verdad objetiva es que estos desastres se conocen en Chile desde que hay memoria.
La primera gran sequía que se recuerda fué documentada justamente por el propio Dn. Pedro de Valdivia en los albores de la conquista, cuando en sus cartas se maravillaba de la extraordinaria ?suavidad? del clima del nuevo país, ?? tiene cuatro meses de invierno no más, que en ellos, si no es cuando hace cuarto de luna, que llueve un dia o dos, todos los demás hacen tan lindos soles qu no hay para qué allegarse al fuego?.? .

También se consigna en la historia una gran sequía en el sur, presumiblemente entre los años 1553-55, que produjo tal hambruna entre los indios, que surgió entre ellos el canibalismo.
Esta catástrofe, unida a una epidemia, produjo una mortandad que se ha calculado en un 30% de la población mapuche, y de paso, salvó también a la naciente colonia. Valdivia había sido muerto en 1553, y su ejército, derrotado y desmoralizado, no estaba en condiciones de resistir un ataque masivo a Santiago, como era el plan de Lautaro; mas los indios, diezmados por el hambre y la fiebre, no pudieron reorganizarse sino hasta 1557.

También las grandes avenidas y aluviones de los ríos, particularmente las del Mapocho, han quedado registradas desde los principios. Ya muy temprano en la colonia se dieron cuenta los santiaguinos de que debían defenderse de estos embates, para lo que se construyeron defensas de ribera, a las que llamaron pomposamente ?tajamares? (ataja-mares), lo que da una idea de la magnitud atribuida a esas crecidas.

La tónica ha sido siempre una alternancia de períodos de sequía de varios años, con períodos más breves (algunos de sólo un año), de abundantes lluvias (con aluvión incluido), y no sería fácil descubrir qué resultaba más desastroso.

Así como se construyeron los tajamares para defender la ciudad de las crecidas, también hubo de construirse el ?Canal de San Carlos?, (seguramente llamado así en recuerdo de alguno de los reyes de España que llevaron ese nombre), a fin de traer agua del Maipo para asegurar el riego, ya que en los años secos el Mapocho se agostaba completamente (igual que ahora), dejando secas a las chacras de Santiago.

En las actas del cabildo han quedado registradas con todo detalle las procesiones, rogativas, misas, mandas, penitencias, etc. que hacía el pueblo de Santiago para implorar la lluvia en los períodos de sequía, y también las pérdidas desastrosas provocadas por las crecidas del Mapocho, que a su vez suscitaban todo género de manifestaciones piadosas. Una relación detallada de todo esto se encuentra en ?Historia Climática de Chile?, escrito a fines del XIX por Dn Benjamín Vicuña Mackenna (Esta joya bibliográfica no es fácil de encontrar: había un ejemplar muy deteriorado en la biblioteca de la U. de Talca a fines del S XX).

De manera que no hay nada nuevo en nuestro clima. Ni los años en que casi no llueve, y los lechos de los ríos quedan secos, ni los de grandes inundaciones como lo fué 1997, cuando prácticamente todos los cauces de la zona central se salieron de madre.

Aunque pareciera que hay razón para atribuir estas extremosas vicisitudes a un fenómeno de ?calentamiento global?, una simple revisión de las crónicas del pasado bastan para constatar que ellas han estado siempre presentes en nuestra historia, y que no hay nada insólito de qué asombrarse.

Por su parte, los procesos de desertificación, evidentes en algunas partes del territorio, y que han sido motivo de angustia para los especialistas, deben atribuirse exclusivamente a la depredación de los bosques y el mal manejo de los ecosistemas forestales, especialmente de los paisajes semi-áridos, que son perticularmnete frágiles, debido a la irregularidad de las precipitaciones.

Se ha observado que con motivo de la despoblación rural, un proceso muy notorio en el último medio siglo, se produce una paulatina recuperación de la cubierta vegetal, tanto en los tipos esclerófilos de los sectores simi-áridos como en los tipos caducifolios de la zona meso-mórfica, como ha sido observado por Fuentes Quezada y otros autores.

Por lo tanto, la responsabilidad en el proceso de desertificación debe atribuirse a las prácticas erróneas de explotación antes que a una tendencia general en el clima.

Sugerentemente, algunos especialistas esperan con optimismo el advenimiento de un eventual cambio climático:

?La agricultura se vá a beneficiar grandemente de un clima más tropicalizado. Nuestra diversidad climática podría acentuarse, lo cual significa que se convertirá en riqueza exportable?. ??algunos tipos de agricultura, como los cultivos industriales y la floricultura, deberán desplazarse hacia el sur. Es probable que en la zona norte y central se puedan incorporar especies subtropicales que (hoy) tienen limitada su producción. Todo esto no parece catastrófico, aunque su desarrollo tendrá un costo? (Santibáñez, F. en ?revista del campo? ?El Mercurio? 9 de Nov. 1998).

Los factores determinantes del clima de Chile son, por el oeste, la gran masa oceánica del Pacífico, y por el este, la alta cordillera de Los Andes; ambos aportan estabilidad.

La inercia térmica del océano es especialmente determinante aquí, y la cordillera actúa como un condensador natural de la nubosidad originada en el mar.

??La evidencia actualmente disponible sugiere que el cambio climático en la región Valdiviana (y quizás también en la zona central) sería relativamente lento comparado con lo esperable a latitudes similares en el hemisferio norte? (Fuentes Quezada).

REVISANDO DATOS EMPIRICOS:

Según las ideas originales de S. Arrhenius (autor de la hipótesis del ?calentamiento? a fines del XIX), el calentamiento global se haría sentir primeramente en las altas latitudes.

Por su particular conformación geográfica, la parte no-antártica de Chile abarca una gran variedad de climas, desde el sub-tropical de Arica, al sub-antártico de Punta Arenas, pasando por el clima oceánico de los enclaves del Pacífico, y el mediterráneo semi-árido de Santiago.

Esto conforma un triángulo geográfico de varios millones de kilómetros cuadrados de superficie (aprox 7,3 millones de Km2) que abarca una parte no despreciable de la mitad sur de la cuenca del Océano Pacífico.

Un calentamiento GLOBAL, debería ser perceptible aquí.

Para tratar de corroborar esto, se intentará detectar un calentamiento en distintas localidades, revisando la información disponible, y fijando la atención sólo en los parámetros térmicos, sin considerar otras variables.

A continuación se presentan los registros históricos de temperaturas medidas en distintos puntos del país: Arica, Isla Juan Fernández, Santiago y Punta Arenas, durante el Siglo XX.

Los parámetros registrados son: temperatura media mensual (tµ °C), temperatura máxima media mensual (tx °C), temperatura mínima media mensual (tn °C), para cuatro meses representativos cada uno de una estación: Enero (verano), Abril (otoño), Julio (invierno), y octubre (primavera). También se tomaron los valores anuales para cada parámetro.

La serie histórica comprende todos los años pares desde 1900 a 1997 (año en que hice este estudio); cuando no está disponible el dato de un año par, se reemplaza por el dato del año impar siguiente. Si este no está disponible, se usa el del año impar anterior, siempre y cuando no esté reemplazando a su vez, al dato del año anterior, caso en el cual se dejará el casillero en blanco.

SE registraron los valores absolutos, y luego se tipificaron a la normal (0,1), según la fórmula (ti-µt)/st, para revisar tendencias.

Los resultados se presentan en tablas y gráficos.

La fuente de datos es el anuario metorológico de Chile, de la Dirección Meteorológica dependiente de la Fuerza Aérea, con sede en Pudahuel.

Se presenta cada serie de datos en un gráfico Parámetro vs. año.

Como se aprecia inmediatamente, las series son demasiado breves como para apreciar tendencias en los valores absolutos, y por eso se tipificaron los datos a la normal (0,1), según la fórmula (ti-µt)/st, con lo que la población de observaciones adquiere distribución Normal (0,1) la que sí permite apreciar visualmente alguna propensión (si la hubiere) en una representación gráfica.

Si la línea de tendencia difiere perceptiblemente de la horizontal correspondiente a la media (0), se realiza una regresión lineal, y se somete a prueba la hipótesis de que el coeficiente b1=0, es decir, que la tendencia observada no es significativa, mediante el test F con 95% y 99% de confianza y n-1 grados de libertad.
En este caso, la regresión no pretende más que ratificar tendencia lineal en los datos observados y por lo tanto no tiene validez como predictor, y no se intenta extrapolar en base a ella.

Todas las series de datos están incompletas, con períodos sin información, y debido a esto se tomaron los años pares.

Se eligió entre las series más antiguas, las siguientes cuatro: Arica, Quinta Normal, Juan Fernández y Punta Arenas. NO hay información respecto a cambios de instrumentos que pudieran estar influyendo en las mediciones; sin embargo, se deja constancia de que seguramente hubo cambios de metodología durante el siglo (por ejemplo, en el anuario de 1933, en la información de la estación meteorológica del Faro Evangelistas se consigna que "desde principios de 1933 la t° en Evangelistas apatrece ¡2 a 3 °C más alta! que la observada antes, lo que se debería a una modificación en el cobertizo de los instrumentos". Esto me hizo descartar dicha serie histórica). Tampoco se aprecia unanimidad en la forma de presentación de los resultados, que no sigue un patrón uniforme, sino que varía por períodos, al parecer en relación con los cambios de Director del Instituto Meteorológico. Con estas salvedades respecto a los datos, se concluye que las series deben ser interpretadas prudentemente.

LOS PARAMETROS:

Las temperaturas máxima y mínima diaria corresponden a las extremas registradas durante un día. Se miden en termómetros distintos, uno para la máxima y otro para la mínima. Las máximas medias mensuales (tx °C), y mínimas medias mensuales (tn °C) son, respectivamente, los promedios de cada una en cada mes calendario.

Las temperaturas medias mensuales (tµ °C), en cambio, son un promedio mensual de los promedios diarios entre las dos extremas y dos mediciones más, que se realizaron a horas determinadas. Por ejemplo, las 7,00 A.M. y la 1 P.M. Es posible que en el transcurso de un siglo se haya variado las horas de estas mediciones intermedias, lo que incorpora otra incerteza al dato.

El Parámetro Anual, por último, representa el promedio en un año calendario, de cada parámetro mensual. A continuación, se presentan los gráficos de la temperatura media anual, absoluta y tipificada.

Datos (tablas y gráficos en Excel) de la estación de ARICA:
Datos (tablas y gráficos en Excel) de la estación de JUANFERNANDEZ
Datos (tablas y gráficos en Excel) de la estación de PUNTARENAS
Datos (tablas y gráficos en Excel) de la estación de QUINTANORMAL

OBSERVACIONES
Al graficar las series de datos lo que salta a la vista es la aparente falta de tendencia durante el período (100 años). Esto indica que se trata de parámetros tremendamente estables en el tiempo (la resolución del gráfico se ajusta a los extremos absolutos de temperatura registrados; por ejemplo, de (-5°C a +38°C), y dentro de estos márgenes, las series no muestran tendencia).
Luego, para apreciar alguna tendencia se debe normalizar, lo que equivale a decir que cada dato queda expresado en unidades de desviación standard con respecto a la media de la serie; en la práctica, es como poner la serie de datos bajo un microscopio, dado que a simple vista no se aprecia anomalías; si se detecta alguna tendencia en el parámetro, hay que tener presente que no se trata de un fenómeno perceptible por los sentidos en el curso de una vida humana normal.
Bajo estas salvedades, nos encontramos con una tendencia acusada al calentamiento, en la estación de Quinta Normal, en Santiago, lo que confirma todo lo que se sabe acerca del calentamiento urbano en las grandes ciudades. Efectivamente la actividad industrial y de transportes, más los domicilios de varios millones de personas concentrados en una gran ciudad generan un cambio perceptible en la temperatura media de su entorno es un cambio microclimático, de origen antrópico (hay que pensar que entre 1900 y 2000, Santiago aumentó en no menos de 10 veces el tamaño de su población). Esto explica muchas series de datos de otras partes del mundo que acusan calentamiento; son datos de ciudades.
Sin embargo, la sorpresa, lo inesperado, ocurrió con la serie de datos de Punta Arenas: durante todo el siglo XX muestra una tendencia acusada al ¡enfriamiento! y más acusada aún que el calentamiento urbano de Santiago en el mismo período. Este "enfriamiento" registrado en Punta Arenas, que bien podría ser un fenómeno general en la Patagonia (o tal vez nó), aparece como revirtiéndose en las últimas décadas. Si se toman los datos desde 1970 al 2000 aparecerá una tendencia neta de calentamiento, y no cabe duda de que hay propagandistas interesados haciendo justamente eso: "en los últimos 30 años, la Patagonia se ha calentado ostensiblemente" (recuerdan a un tal Mr.Gore?). Sin embargo, hay una gran baja registrada en ambas estaciones, alrededor de 1970.
Pero lo honesto, lo serio, es usar todos los datos disponibles a la fecha, y nó sólo aquellos que nos agradan. Este estudio lo hice en 1998; hasta ese momento, la aparente recuperación de las temperaturas de las últimas décadas en Punta Arenas, no afectan la tendencia general (acusadamente descendente) registrada durante el siglo XX.
En ese momento decidí esperar una década más y repetir el ejercicio; ahora dudo mucho poder esperar, la curiosidad es más fuerte.